martes 22 de noviembre de 2011

Reseña del libro: Morfina

Autor: Mijael Bulgákov
Editorial: Compactos Anagrama
Paginas:  174


Un libro que recopila una serie de relatos sobre las experiencias y vivencias de su propio autor, Mijael, un medico soviético en la época de la revolución. Ameno y de lectura rápida donde nos narra los inicios como un joven sin experiencia y que dia a dia a de labrarse un nombre entre los lugareños.  Todo ello en medio de un paisaje dominado obsesivamente por la nieve y relatado con agilidad y calidez. Absolutamente todos los relatos están basados en experiencias reales del propio Bulgákov, que durante años ejerció como médico rural en la provincia de Smolensk, luchando contra la inercia y la incultura.
Mención aparte merece el relato más extenso del libro y que le da título, 'Morfina' es el culmen del libro, se trata del diario de un compañero del protagonista, el médico Poliakov, que deja a su muerte el estremecedor relato de esas páginas confesionales, que son la crónica de una destrucción, referida en términos turbadores,  que  también nació a partir de un hecho real: la adicción del autor a la morfina, con la que logró romper hacia 1919. A pesar de que los relatos se remontan a los años 1916-1917, en ninguno hay indicios del paso de la revolución por las aldeas y el campo. Morfina  consta de los siguientes relatos:
- La toalla con el gallo rojo
- La garganta de acero
- Bautismo de fuego
- La tormenta de nieve
- Tinieblas egipcias
- Un ojo desaparecido
- La erupción estrellada
- Morfina
En vida de Mijaíl Bulgákov difícilmente alguien se habría atrevido a considerarlo un "clásico" de la literatura rusa, ya que, después de haber gozado de un brevísimo período de éxito durante la década de los veinte, Bulgákov fue víctima de constantes calumnias políticas por parte de las autoridades soviéticas. Hoy, se encuentra en un nivel parecido al de Turguéniev, Tolstói o Chéjov.
Quien escribía al comienzo de su terrible experiencia: "No puedo dejar de alabar a quien por primera vez extrajo la morfina de las cabecitas de las amapolas. Es un verdadero benefactor de la humanidad",  acaba por confesar "La muerte de sed es una muerte paradisíaca, beatifica en comparación con la sed de morfina"
Os dejo unas breves líneas  que aparecen en el libro:
13 de abril.
Yo, el desdichado doctor Poliakov, que en febrero de este año enfermó de morfinismo, advierto a todos aquellos a quienes les toque mi misma suerte, que no traten de sustituir la morfina por cocaína. La cocaína es el veneno más terrible y pérfido. Ayer, Ana apenas logró reanimarme con alcanfor; hoy soy una especie de cadáver…
Un libro para estos días de frío, para  leer en casa tranquilamente, calentitos cerca de la estufa.

sábado 22 de octubre de 2011

Marc, el Mandingo

Tener un miembro descomunal ayuda mucho, sobre todo si eres negrata, no es ningún tópico os lo puedo asegurar, las blancas se vuelven locas, cuando observan semejante y colosal falo, se les caen los tangas y sus conchas palpitan y babean como un San Bernardo en el Sahara.
Cuando era un adolescente, lo veía como una enfermedad, las tías que me ligaba se asustaban y cerraban las piernas a cal y canto. Era horrible, tenía las palmas de las manos como las patas de un gato, ¡que de callos! Al final decidí poner cartas sobre el asunto, contratar los servicios de una profesional, para que aliviase ése quemazón de mis bolsas escrotales. Pedí consejo a un colega putero por afición, es todo un crack en lo referente a lumis, no hay club, piso, descampado o zona industrial que no conozca, es la guía CAMPSA del sexo. Me llevó a un piso a las a fueras de Barcelona, un piso con cinco señoritas que nos recibieron en lencería y con las piernas  bien abiertas. La madame era un vieja gorda, con dentadura postiza… seguro que hacia unas mamadas de padre y muy señor mío, pero la verdad es que daba grima, tan colgajo por la cara, no quiero imaginarme como tendría que tener su panocha… nos presento una a una a todas las muchachas, entré con un calor brutal en mi entrepierna, vamos con un empalme bestial.
 Escogí a una jamona blanquita de labios rosaditos humedecidos y carnosos… el tanga no dejaba nada a la imaginación, creía que iba a reventarme el seso bajo mi Calvin Klein.
Se abalanzó sobre mí como una gata salvaje, cuando quedó al descubierto mi “pequeño” Morfeo, abrió sus ojos como si jamás hubiese visto cosa más descomunal que aquella. - ¿Todo eso es tuyo muchacho? Creo que debería pedirte un pequeño plus, las he visto de todos los tamaños, texturas, colores, pero como ese mandingo… voy a necesitar un buen lubricante y aun así no sé si voy a ser capaz…
Que te diga eso una puta… ¡es para mandarla hacer gárgaras!  ¡Pollas grandes las hay a cientos! Pero el tema es cuando te lo dicen múltiples fulanas y entonces dices ¡Joder! ¡Tengo una buena herramienta! ¡Ni las putas la quieren!  Con los años y la experiencia adquirida, vas consiguiendo que pierdan el miedo y acaben tragando, ya no se me resisten así como así, pero lo mío me ha costado, no es tarea fácil.
Hay blanquitos que tienen buenos mangos, quizás no tan grandes como el mío, pero eso tampoco quiere decir nada, si no sabes moverte por muy buen cacharro que tengas, no sirve de nada, por suerte llevo el ritmo en la sangre y no tengo dificultad para hacer que las princesitas caigan bajo mi ombligo y eyaculen como las cataratas del Niágara.

sábado 10 de septiembre de 2011

Participa en "La sagrada biblia quinqui"


DeGlozel os va a proponer un nuevo reto, la idea que queremos que llevéis a cabo es la siguiente:
 Que escojáis entre las múltiples historias de “La sagrada biblia”, la que más os guste de todas, y que basándoos en esa historia la reescribáis como si sucediese en el presente, con personajes del día a día, gente de la calle, vagabundos, yonquis, delincuentes y quinquis a tutiplén.
Un relato a vuestro libre albedrio, una sátira, un despiporre, una salvajada o lo que os dé la gana, pero siempre relacionándolo con alguno de los pasajes de la biblia, Adán y Eva en el paraíso, Sodoma y Gomorra, Los diez mandamientos, en fin cualquiera a vuestra elección.

Con las historias que nos mandéis, se editará un libro, que será nuestra Sagrada Biblia Quinqui.

 El relato que escribáis debe ser:

Dos cuartillas, fuente a 12 puntos, en formato Word.

Enviadlo a nuestro correo electrónico:Deglozel@gmail.com.

¡Un saludo de parte del equipo Deglozel!

sábado 3 de septiembre de 2011

Reseña del libro: Mil cretinos


Titulo: Mil cretinos
Autor: Quim Monzó
Editorial: Anagrama
Páginas: 170

Un libro de relatos compuesto por 19 relatos, estructurado en dos partes. Los relatos de la primera son más extensos, en total son siete relatos excelentes que preceden a una segunda parte, doce cuentos algo más cortos pero a mí juicio personal cojonudos.
De la primera tanda de cuentos me quedo con el relato titulado “Sábado” en el que la protagonista es una anciana que quiere despojarse de todos los recuerdos de su marido (supongo que el marido la abandonó por otra), y en el que poco a poco y tranquilamente, la buena mujer se va deshaciendo de prendas de ropa, fotografías y un sinfín de cosas que le recuerdan al marido, el final es una autentica locura, para mí como ya he dicho, me parece un relato magistral, que no por ello el mejor, todos los relatos tienen su punto la verdad.
En la segunda tanda de relatos, son doce cuentos insoportables como la cruda realidad, sí, son cuentos pero es que, lo real duele. Y eso lo consigue Monzó, con su ironía, humor negro, atrapa al lector y le hace ver lo cruel que puede llegar a ser la vida, pero siempre con una pizca de gracia que no puede impedir en esbozar una risita y un ¡cago en dios! ¡Qué hijo de puta más grande!
No quiero deshilachar  el libro, lo mejor es que vosotros mismos lo leáis, es muy cortito y se lee de un tirón, seguro que no os defraudará. Que lo disfrutéis.



sábado 20 de agosto de 2011

Octogenarios vellos púbicos



 Sentado a los pies del camastro, pintando sus labios de rojo pasión, frente al desconchado espejo que desfigura todavía más, si aún si cabe  su rostro arrugado de colgajos, jirones de piel muerta, tan muerta como su propio sentido del ridículo. Una tenue bombilla ilumina su figura de viejo cadavérico, como la recreación de una escena  cinematográfica de expresionismo alemán.  Se ajusta el sostén blanco de encajes, las braguitas a juego, el liguero y las medias, se pavonea frente a sí mismo, sacando morro, pestañeando,  muecas que si fuesen procedentes de una hermosa mujer  podrían resultar insinuantemente  sensuales. Sobre la cómoda  yace   el vestido sin estrenar de su hija fallecida, impoluto y en perfecto estado, sin arrugas y  que desprende un fuerte aroma a alcanfor.
Tres días después del fallecimiento de su hija Laura, su mujer presa de la histeria y la depresión por la muerte de su única hija, se arrojó a las vías del tren, dejando a su marido con toda la carga y la culpa y de perder a los dos  seres queridos, que más amaba. A la semana de estos trágicos acontecimientos, se ingresaba voluntariamente en el centro de salud mental,  donde hasta el día de hoy permanece recluido.
Le fascinaban los altramuces, los comía con auténtica devoción lasciva, quizás recordando un pasado de adolescencia, cuando las hormonas entraban en erupción volcánica y sus sentidos se intensificaban, como los de un animal en celo. Cada vez que se introducía una de aquellas legumbres en su boca, se tocaba su entrepierna, ese colgajo arrugado de piel muerta, que ni con viagra se endurecía, sentía y recordaba el placer. Entre sus extravagancias más frecuentes ya convertidas en hábitos normales, se encontraba la de coleccionar vellos púbicos, tanto de hombres como de mujeres, catalogados por color, aroma y textura. Colecciones que robaba a sus dueños mientras dormían por la ingesta de pastillas tranquilizantes que robaba unas veces y otras,  que no llegaba a tomar.  Preparaba las dosis meticulosamente, las vertía en la leche o agua de la víctima escogida y esperaba  hasta que hacia efecto el mejunje. Guardaba sus tesoros en el interior de su colchón en un compartimento secreto que había confeccionado años atrás.
Solo confinado en su habitación, sin visitas de familiares ni amigos, tan solo las enfermeras, encargadas de asearle de medicarle, sin el calor de un beso, de un abrazo, sin nada, tan solo él y su triste locura.