lunes 4 de julio de 2011

Hoy he visto un cadáver




En la misma entrada a un bar, allí tendido descamisado, dos personas del servicio sanitario, le sostenían la cabeza, mientras una tercera, le practicaba un masaje cardiaco, unas ventosas en su vientre, que se movía rítmicamente en un vaivén hipnótico, y nada que ver con lo que nos muestran en las películas: Movimiento de cámara nervioso, sudores fríos recorriendo las frentes de los que asisten a la víctima, nervios a flor de piel, desfibrilador que suena como una silla eléctrica… nada que ver, más bien todo lo contrario, mucha calma, buen hacer, nadie nervioso al menos aparentemente, muchos intentos masajeando aquel pobre, que no mostraba ningún cambio aparente, han hecho lo que buenamente han podido.
Todos aglomerados observando morbosamente el trágico suceso, el fin de la vida de un desconocido, al menos para mí, eso creo, no llegué a verle la cara. Nadie decía nada, no había chismes ni cotilleos, solo nos limitábamos a observar, incluida la policía que había colocado una de esas cintas para evitar que se aglomerasen en primera fila, como en las representaciones teatrales, observando el fin, el fin de un papel, de una vida nada menos.