No me había hecho policía nacional para quedarme tocándome los cojones, mientras observaba como delincuentes y rateros entraban por una puerta y salían por otra. Cansado ya de absurdos juicios de pantomima, con niñatos al más puro estilo de Ronaldinho, con sus peinados de moda, ropas a la última y gafas molonas RayBan, que se reían a mandíbula batiente de las fuerzas del orden, la justicia. Su víctima una joven adolescente en la flor de la vida, que aquel grupo de descerebrados hijos de la gran puta decidieron matar, y vaya usted a saber lo que hicieron con el cuerpo, pero aquí no ha pasado nada.
Estos en mis tiempos no escapaban… una buena sesión de tortas de mi pueblo… hasta que confesasen el crimen de Kennedy, pero vaya si aparecería el cuerpo, ¡vaya que sí!, los de Zamora tenemos mucho peligro… el maestro que nos impartía clases en aquella época, recibió de lo suyo por parte del padre de un niño, ¡vaya escarnio! Un niño del cual había abusado… lo sacaron del pueblo en volandas a base de buenas tortas zamoranas, lo deslomaron bien, aquel individuo no volvió a ponerle la mano encima a un crio en su vida, os lo aseguro. También es verdad que luego nos metieron al cura para impartirnos clases… éste no abusó, pero que de capones y reglazos, aún me retumban las yemas de los dedos con solo pensarlo, menudo hijo de puta aquel cura, si lo encontrará ahora… Pero también he de decir que había más educación, los niños eran más respetuosos, tanto con sus padres como con sus mayores en general, ahora es un puto cachondeo, pegan a profesores mientras les graban con el móvil, maltratan a sus padres y estos no pueden castigarlos, ni una triste bofetada. Tienen que llamar a una nany de televisión para que los enderece, o si son más mayores, llaman a un ex nadador ex yonqui, un hermanito mayor postizo para tratar de enderezarlos por la vía psicológica… ¡cuentos chinos! Rollos y realytis más falsos que los labios de la Carmen de Mairena. Menudo teatrillo y ahora me encuentro aquí sentado, tomándome un café, sin placa, sin ley, desterrado, observando a un par de estos piezas a los que ampara la ley, con currículos a sus espaldas de hurtos con agresión e intimidación, violación, trafico de drogas, posesión de armas… en fin unos malnacidos de mucho cuidao. Recuerdo la primera vez…. una llamada telefónica del transporte público, en una de las estaciones más conflictivas de Barcelona, plaza Cataluña. Estos dos malparidos habían lanzado escaleras abajo, a una joven japonesa de 19 años, solo para robarle una maleta llena de ropa y poco más. La pobre chica quedó allí tendida con fuertes convulsiones… una autentica pena, el caso es que trincamos aquellos dos malnacidos, durmieron en el calabozo aquel día, pero al día siguiente ya estaban de vuelta otra vez, en la puta calle, como si nada, y aquella chica minusválida para el resto de sus días. Estas cosas me quemaban la sangre, antiguamente teníamos carta blanca para estos casos, un par de hostias bien dadas a tiempo… ¡y es verdad!, luego ya es demasiado tarde, como ahora, que los observo, colgados, cargados hasta las cejas, coca, speed, jaco, a saber de qué mierda van, con el monazo delinquiendo, buscando una víctima fácil, mayor de 60, extranjera…Me viene a la mente como en el cuerpo se encargaron de correr la voz… ¡hijos de puta! Corrieron la voz de que me habían echado por mi extrema violencia ¡ja! Ya quisieran ellos, me fui yo, voluntariamente, ¡porque me salió de mis benditos cojones! Su incompetencia hacia que aquellos dos malparidos, se tambalearan el uno sobre el otro en aquel momento, dando el cante, como solo sabe hacerlo un drogata. Buen día para atraparlos sin problemas, me acercaría a ellos con placa mi placa falsa en mano, la gente vería una actuación común, un policía secreta haciendo su trabajo, arrestando a dos vulgares rateros, ellos no se resistirían, dadas sus pésimas condiciones mentales y físicas. Una vez esposados al monovolumen de cristales tintados, después directos al descampado que conocía por la zona, un lugar apartado y tranquilo fuera de ojos indiscretos, silenciador en mi semiautomática, una adquisición que tomé prestada en una incautación hace ya muchos años, una bendita joya que radicaría por siempre aquellos dos desechos humanos.
Mi plan a salido a pedir de boca, ya los tengo en la parte trasera, mirando impasivos y hablando no se qué mierda en su jerga incomprensible, seguro que sus cabezas piensan en una cama y comida caliente por unas horas y luego vuelta al cachondeo padre, no esta vez no. Llegamos al descampado, paro el vehículo, voy a la parte trasera, me miran extrañados, uno balbucea unas palabras que entiendo como: -¿Qué pasa amigo? ¿Dónde estamos?
Le miro empuñando mi reluciente arma y le digo: -Os voy a dar un poco de vuestra medicina, ¿recordáis a la joven japonesa? ¿No? Bueno no pasa nada, ahora os refrescaré la memoria.
Intentan persuadirme con sus lamentos y juramentos, de que son buenos chicos, que la vida los ha tratado mal, que ellos no tienen culpa, que es del sistema… ¡me la trae bien floja sus putas palabras! es más, me reconfortan y avivan mi necesidad de acabar con ellos cuanto antes. Le abro la boca introduciéndole mi engrasada y lustrosa arma, me mira con sus ojos lastimeros de cordero degollado, su compañero gime como un perro callejero, se encomienda a su dios, ahora son creyentes ambos, les ha llegado el bajón, parecen cuerdos. Le digo que mame, como si de una polla se tratase, una polla fría y dura con sabor a metal. La traga hasta la garganta, varios espumarajos son vertidos por las comisuras de sus labios, me recuerda aquella vez en que me la mamó una de las nigerianas que vendía sus servicios a pie de calle, en las ramblas, de cómo llené la boca con mi néctar, ¡y todo gratis! Mientras mi compañero de fatigas le daba por culo a un transexual. Es lo bueno de ser policía, como ahora, disfruto con éste cabrón, le animo a que continúe con su labor felatora, que imagine que es la polla de su amigo, que mantiene los ojos cerrados suplicando clemencia, mi dedo resbala y acciona el gatillo, así hasta que eyaculó mi cargador en su boca, todo perdido de sangre, su amigo, yo, y los asientos, la tapicería del coche, suerte que había previsto todo aquello, cubriéndolo con plásticos, y una bolsa de ropa limpia para poder cambiarme cuando terminara con todo aquello. Empujé el cuerpo sin vida hacia un lado, era momento de ponerle la guinda al mamarracho, que recitaba la biblia, el Corán, la Toráh o lo que leches fuese aquello que escupía su boca. Todos culpables o inocentes, cuando le veían la guadaña a la parca, creían en el divino como único salvador. Sus ojos ya no mostraban maldad, eran lastimeros pero yo me veía en la obligación de acabar con aquel problema al más puro estilo de Charles Bronson o Harry el sucio, no me apiadaría de él y supongo que ni su dios de madera tampoco, así que cambié el cargador y sin más dilación, a bocajarro le descerrajé todo el cargador en su rostro, pringando de nuevo todo de sangre de cerdo, apestaba. Sudé lo mío para introducir aquellos desechos orgánicos en el interior de dos grandes sacos de patatas, los cerré bien y me encaminé al basurero municipal para despojarme de aquella inmundicia. Y ahora me llamaran criminal por hacer bien mi trabajo.
