Llego a casa después de la jornada laboral, con una noticia que me reconcome por dentro, mi jefe me dice que va a prescindir de mí, que está la cosa muy mal, ya sabes Fede… la crisis… me suelta el muy gañan. Me voy a la sucursal con su puto cheque… ¡Sin fondos me dicen! ¡La puta hostia!
El muy cabrón me entrega un puto cheque sin fondos, y su última adquisición, un cochazo que ha comprado a su hijo, el segundo de la empresa… un flamante BMW nuevo de trinca, con todo lo último, vamos como mi viejo Renault… que si quieres aire fresquito en verano, abres la ventanilla en invierno y si quieres calorcito la cierras en verano…
Al igual que sus fincas y varias casas para su puro ocio, y claro la cosa esta muy mal Fede… el muy cabrón. Mientras tanto yo con mis cincuenta y siete años, me veré tirado en la calle, comiendo mierda de la basura, con prendas ajadas de la iglesia, mientras el luce un Giorgio Armani de esos y come en el Gino´s con alguna de sus fulanas… ¡esto sí que no! En el lejano Oeste esto no pasaba, y si ocurría se resolvía de la mejor manera posible, ¡a tiro limpio! La ley del ojo por ojo y se acabó.
Me pondré mi chapa de Sheriff, mi escopeta magnum de último modelo, la de descerrajar cerdos, y lo voy a solucionar todo. Al puto director de la sucursal me lo voy a cepillar y al lameculos de su subordinado, el bastardo de Ramírez, a ese también, ese también va a caer. Seis meses sin pagarme y sin poder pagar al puto banco y el cabrón de mi jefe me entrega un cheque sin fondos, ¿pero qué cachondeo es este? ¡La puta que los parió a todos! ¡Es la última vez que se ríen de mí! ¡La ultima! Estos no se reirán de nadie más, y yo desde mi celda, calentito con mi comida, mi última morada, reiré, ¡esto es justicia! ¡Así se resuelven los problemas! Y lo demás son tonterías.